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El palacio del marqués de Alcántara se construyó en el año 1704 por los condes de Fuerteventura y marqueses de Velamazán, que posteriormente recibieron el título de marqueses de Alcántara. Protegían una de las puertas de la muralla, la de Rabanera. El edificio es de estilo barroco madrileño del siglo XVII. En el palacio se desarrolla el cuento El rayo de luna (publicado en 1862), escrito por Gustavo Adolfo Bécquer.
La Casona de los Salvadores fue construida por descendientes de Martín Salvador. Él figura en el cantar del Cid como uno de los caballeros que vino desde Valencia acompañando a Rodrigo Díaz de Vivar. Además, fue germen de uno de los principales linajes de la ciudad, el de los Salvadores. Este se dividía en dos: los Hondoneros (Bajeros) y los Someros, y celebraban sus juntas en la parroquia de San Nicolás. La familia del investigador soriano José Tudela de la Orden, amigo de Valle-Inclán, Unamuno o José Ortega y Gasset, ocupa hoy esta majestuosa casa solariega. El edificio es una construcción del siglo XVII, tiene planta cuadrada con sus escudos en la fachada.
En el año 1863, la Diputación de Soria compra la casa-palacio de los marqueses de Vadillo para establecer su sede. La fachada, reformada tras su adquisición, tenía dos pisos y estaba coronada por un frontón y el escudo de la Diputación Provincial. En la fachada del edificio se encuentran ocho estatuas de bronce del escultor Federico Coullaut-Valera Mendigutia, instaladas en 1971, que representan a personajes ilustres de la historia de Soria.
De izquierda a derecha vemos a Francisco López de Gómara, que nació en la localidad de Gómara en 1510. Ordenado sacerdote, se traslada a Roma, donde se relaciona con renombrados historiadores. Acompaña a Hernán Cortés por México y fruto de ello es su “Historia de México”, prohibida por Felipe II. Murió en Sevilla el año 1566. El Juglar del Cid es un personaje desconocido, posiblemente de origen mozárabe y de la zona en torno a San Esteban de Gormaz, que vivió en el siglo XII. El juglar compuso un largo poema épico narrando episodios de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido por el Cid Campeador. Santa Cristina de Osma, de posible origen italiano, hija del gobernador de Tiro de Toscana, se sometió a diversas torturas por su propio padre al convertirse la joven al cristianismo en el siglo III. Actualmente, sus restos están depositados en una urna-relicario en la iglesia de Osma, a la que llegaron en 1789. Alfonso VIII nació en Soria en el año 1155 y con siete años tuvo que enfrentarse a su tío Fernando VII de León para defender su corona. Dada la protección dada por el noble soriano Pedro Núñez de Fuentemegil, concedió el derecho a los sorianos de luchar acompañando al rey. Funda la iglesia de Santo Tomé o Santo Domingo. También dotó a la ciudad de un extenso fuero.
De izquierda a derecha vemos a San Pedro de Osma; de origen francés, se llamaba Pedro de Bourgés. Ocupó el cargo de Obispo de Osma en el año 1101, puesto que llevaba un tiempo vacante; bajo su mandato se construye la Catedral Románica de Santa María del Burgo de Osma. Aunque murió en Palencia en el año 1109, sus restos reposan en la catedral del Burgo de Osma. Sor María de Ágreda se llamaba María Coronel y Arana y había nacido en esa localidad el 2 de abril de 1602. Fue consejera espiritual de Felipe IV y una de las místicas más importantes del siglo XVII. Murió el 24 de mayo de 1665. Diego Laínez nació en Almazán en 1512 y se licenció en teología. Junto a Ignacio de Loyola y Francisco Javier, tras un viaje a Jerusalén, deciden fundar en Roma la Compañía de Jesús. San Martín de Finojosa nació en torno al año 1140 en Deza y murió en el pueblo de Sotoca (Guadalajara). Fue nombrado abad del Monasterio de Santa María de Huerta a los 26 años. Gracias al mecenazgo del rey Alfonso VII, construye el nuevo monasterio.
Frente al edificio de la Diputación de Soria se encuentra la iglesia de San Juan de Rabanera, que debe su nombre a las gentes de Rabanera del Campo que entre 1109 y 1119 se instalaron repoblando Soria. Se declaró Monumento Nacional en 1929 y Bien de Interés Cultural en el año 2000. La iglesia románica original tiene planta de cruz latina, nave de tres tramos, ábside semicircular precedido de un presbiterio rectangular. En el siglo XV se añadieron, junto al crucero, dos capillas cuadrangulares.
El ábside tiene un original aspecto con tres pilastras; en la posición central no hay una ventana como se esperaría, se encuentra una de las pilastras que hace de eje de simetría y a los lados las ventanas de medio punto con arquivolta exterior y cuatro ventanas ciegas decoradas.
La portada de la iglesia no es la original; se trata de la del templo de San Nicolás de Soria, que estaba en ruinas y en el año 1908 se trasladó a la iglesia de San Juan de Rabanera, donde hoy la podemos ver. Consta de cuatro arquivoltas lisas, excepto la interior, que apoyan sobre capiteles decorados con escenas pertenecientes al Nuevo Testamento (los cuatro de la izquierda) y relativas a la vida de San Nicolás (los de la derecha). El tímpano representa un grupo de siete figuras, de las que la central es la del santo mitrado en posición sedente. La portada original esta tapiada en el lado sur.
Pedro J Pacheco, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons
La Concatedral de San Pedro se encuentra en el lugar en el que, entre los años 1109 y 1114, había una rústica iglesia. En el año 1152 se construyó una nueva iglesia con un gran claustro, aunque esta se cayó en el año 1543, por lo que se tuvo que edificar nuevamente, terminándose en 1575. La gran joya del conjunto es su claustro, declarado monumento nacional en el año 1929. Debido al horario tan ajustado solo de mañanas para verlo no pudimos hacerlo. Es de mediados del siglo XII y tiene grandes dimensiones.
La portada sur es de estilo plateresco, realizada en el año 1520; posee dos pilastras recubiertas con una espléndida decoración con elementos ornamentales que imitan candelabros. Está presidida por la imagen de San Pedro con las llaves de la iglesia, situada en una hornacina de concha achaparrada. A ambos lados rematan el conjunto dos jarrones en relieve flanqueados por dos pequeños ángeles.
En la zona baja de la ciudad, a lo largo del río, se halla el Monasterio de San Juan de Duero.
GPS: 41.767774, -2.454014
Lo que queda son los restos de un monasterio asociado a un hospital construido entre los siglos XII y XIII por los Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusalén. Se trata de la iglesia y el claustro sin el techo. Este claustro es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, resultando ser el más exótico de todos los que se conservan en España con una colección de estilos románico, mudéjar y árabe. Tiene arcos de medio punto sobre parejas de columnas románicas, los de herradura apuntados sobre haces de cuatro columnas y los muy apuntados que se entrecruzan y se apoyan en parejas de columnas a los extremos de otras. Pero los que más sorprenden son unos arcos de herradura que, a partir de pilares acanalados, arrancan en diferente sentido para entrecruzarse en el medio, dejando un diminuto hueco sobre el pilar. Y los más complejos son los de forma aguda que arrancan sobre columnas y se cruzan con semiarcos unidos a pilastrones, dejando sus extremos colgando y sin apoyo. Los capiteles son variados, en su mayoría con motivos vegetales, hojas de acanto y flores de aro. Animales como leones, aves, arpías de ambos sexos, etc. Un auténtico espectáculo de arquitectura.
La iglesia tiene una sola y pequeña nave, presbiterio y ábside semicircular. La parte más fascinante son los templetes adosados a los muros. Estos templetes que se llamaban ciborios servían para cubrir mesas de altar y disponer de tres altares para oficiar misas en iglesias con una sola nave y ábside. El del norte estaba dedicado a la Virgen y el del sur a San Juan Bautista. Las columnas que los sujetan son impresionantes; las del norte muestran el asesinato de San Juan Bautista, el banquete de Herodes y Herodías con Salomé agachada junto a la mesa. Un soldado con cota de malla y una espada coge del pelo a Juan para cortarle la cabeza.
En los restantes capiteles aparecen talladas escenas de combate entre hombres y dragones, además de otras bestias de sentido negativo como arpías o un dragón de siete cabezas.
En las columnas del sur, las escenas de los capiteles refieren a la Natividad de Jesús y finalizan con la escena de la Asunción de la Virgen. Entre los episodios más elocuentes y mejor conservados podemos citar la Anunciación, la Visitación, la Adoración de los pastores, la Huida a Egipto y el instante en que un demonio cornudo aconseja a Herodes realizar la matanza de los inocentes.
En una zona ajardinada al lado del monasterio se encuentra la escultura en bronce de Gustavo Adolfo Bécquer, colocada en el año 2021 para conmemorar los 150 años de su fallecimiento. Es una obra del escultor soriano Ricardo González Gil, que muestra al poeta con ropa del siglo XIX sentado sobre un tronco con un sobrero de época y a poca distancia mirándolo un gato. El poeta dedicó cuatro de sus leyendas a Soria y pasó tiempo en la zona, inspirándose en parajes cercanos como el Moncayo. Los arcos del Monasterio de San Juan de Duero le inspiraron en la obra “El rayo de luna”.
A unos 100 metros de la escultura, cruzando la carretera, se encuentra la recreación de un cementerio templario y el monte de las ánimas. Cuenta con diez estelas funerarias realizadas en Covaleda y que representan a piezas de diferentes lugares de la provincia como San Polo, Valdeavellano de Tera u Oteruelos, entre otros. Y las tumbas de Alonso de Borges y Beatriz de Alcudiel, los protagonistas de la leyenda de Gustavo Adolfo Bécquer “El Monte de las Ánimas”, que transcurre en Soria y que cuenta lo que le ocurrió al joven Alonso al ir a buscar en plena noche una cinta azul que su prima Beatriz había perdido en el Monte de las Ánimas. También aquí se encuentra la escultura “Ánimas de Bécquer” “Templario” que es del escultor Miguel Ángel Sánchez Sanz, realizada en el II Simposio Internacional de Escultura Ciudad de Soria del año 2018.
La Ermita de San Saturio se encuentra en la margen izquierda del río Duero a media ladera de la sierra de Santa Ana. Existen datos del año 1148 que hablan de un oratorio o pequeña ermita llamada de San Miguel de la Peña por estar dedicada al arcángel San Miguel. La gruta a la que el eremita San Saturio se retiró, según cuenta la tradición en el siglo VI tras la muerte de sus padres y después de haber repartido sus posesiones y riquezas entre los pobres, se encontraba dentro de los terrenos que pertenecían al convento templario de San Polo. Las obras de la reedificación de la iglesia se terminaron en el año 1704.
El conjunto de la ermita está formado por unas grutas naturales sobre las que se edificó el templo. Al entrar en la gruta, un amplio túnel acerca hasta la Sala del Cabildo de los Heros, una especie de tribuna de aguas o hermandad agrícola donde celebraban sus juntas. Desde aquí, por una escalinata de sillería, se accede a la capilla de San Miguel, oratorio donde San Saturio levantó un humilde altar al arcángel San Miguel.
Para acceder a la ermita se puede hacer por dos rutas a cual más bella, el paseo de San Saturio.
GPS: 41.763323, -2.452561
O el paseo de San Prudencio, que describiré más adelante.
GPS: 41.762311, -2.454966
Del paseo de San Saturio decía Antonio Machado:
He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria —barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra.
Y es que es un encantador paseo que nos lleva por el Monasterio de San Polo o más bien lo atraviesa. Este monasterio es de finales del siglo XII o comienzos del siglo XIII; se supone habitado hasta 1312, año en el cual la Orden del Temple fue suprimida y todas estas propiedades pasaron a manos del rey, que posteriormente decidió venderlas a la nobleza. La parte más antigua del conjunto era el claustro, del siglo XII, casi desaparecido, del que se conserva una puerta con arco de medio punto y dos sencillas arquivoltas. De lo que antiguamente fue el convento solo queda la iglesia, austera, construida en el siglo XIII en estilos románico y gótico, atravesada en el camino que conduce hasta la ermita de San Saturio, por lo que se habilitó un pequeño túnel para el paso (1586-1590), con arcos apuntados abiertos al norte y al sur y adornados con perlas entre dos molduras. El edificio es de uso particular actualmente.
En este paseo se encuentra la escultura “Al olmo viejo”, creada por el artista cubano René Negrín en el año 2008 para conmemorar el célebre poema de Machado “A un olmo seco”, el cual evoca el paisaje soriano.




































































