Nos vamos al Cabo Espichel; se trata de un promontorio desde el que los acantilados calizos se precipitan hacia el Atlántico en la península de Setúbal, un lugar que los romanos conocían como Promontorium Barbaricum (Cabo Bárbaro).
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GPS: 38.419833, -9.213245
Pero, al igual que en un principio parece desolado, es un lugar muy bello. Destaca su faro construido en el año 1430, aunque la torre que hoy vemos es de 1790. Tiene 32 metros de altura y la luz que emite se puede ver desde una distancia de 35 km.
Aquí se encuentra el Santuario de Nuestra Señora del Cabo Espichel, un lugar muy importante de peregrinación en Portugal. Su fundación se remonta al siglo XII y se basa en leyendas y tradiciones; una cuenta que un anciano de Caparica se sintió atraído hacia la costa por una luz misteriosa que brillaba en la base de los acantilados y allí descubrió un icono sagrado de la Virgen María oculto en una cueva marina. Otra nos relata que una anciana de Alcabideche, al otro lado del estuario del Tajo, tuvo un sueño muy vívido que le indicaba que debía viajar a ese mismo lugar.
Después, la imagen fue recuperada por unos pescadores y, para honrar el milagro y albergar la imagen sagrada, se construyó la pequeña Ermida da Memória (Capilla de la Memoria), justo en el lugar donde se habían encontrado.
Con las leyendas y milagros, la fama fue creciendo y pronto esta capilla se quedó pequeña, por lo que el rey Pedro II ordenó en el año 1701 la construcción de un nuevo y magnífico complejo para acoger a los miles de devotos peregrinos; se hizo bajo la dirección del arquitecto João Antunes. Así nació el Santuário de Nossa Senhora do Cabo Espichel. La iglesia es de estilo barroco y en su interior se encuentra un precioso techo pintado que representa la Asunción de la Virgen María. No pudimos verlo al estar la iglesia cerrada. Aunque en el exterior, en un panel informativo, hay una fotografía.
Si hay algo que llama poderosamente la atención, son las dos enormes alas simétricas que flanquean la iglesia. Era la Casa dos Círios; se construyó a partir del año 1715 y luego se amplió entre 1745 y 1760. Los peregrinos se agrupaban en cofradías de todo Portugal conocidas como Círios. Cada grupo viajaba durante días, con sus propios estandartes y tradiciones, y se quedaba en el cabo durante semanas. A cada cofradía se le asignaba su propia zona de aposentos, equipada con cocinas, hornos de leña y establos. En el año 1834 se suprimieron las órdenes religiosas y hoy aquí solo se escucha el silencio y los ocasionales turistas.
El Santuario tenía tanta importancia en la época que llegó a tener adosada la casa de la ópera, construida a finales del año 1800, hoy en ruinas. Aquí la población y la Familia Real se reunían para disfrutar de ópera y teatro.
El mayor problema del santuario era el abastecimiento de agua para tantos peregrinos como acudían, ya que el lugar no disponía de manantiales. El rey José I encargó un monumental proyecto de ingeniería en el año 1770. Se construyó un acueducto de varios kilómetros que atravesaba el campo para transportar agua desde un manantial cercano al pueblo de Azóia hasta el santuario. El final de la canalización se encontraba en la Casa da Água.
El entorno es una zona azotada por el viento, pero de gran tranquilidad y espiritualidad. Para mí, un lugar de mucha belleza, ahora plagado de orquídeas piramidales.

































































