Caravaca de la Cruz es una población que se encuentra en Murcia. Por aquí pasaron sucesivamente íberos, romanos y musulmanes, y se encuentra construida en torno a su castillo, levantado en el siglo XV por la Encomienda de los Templarios.
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El centro de Caravaca podemos considerarlo en la Plaza del Arco, llamada así por el arco que forma el edificio del Ayuntamiento. La construcción de este edificio barroco fue acordada en 1737. En origen, el proyecto fue encargado al arquitecto Jaime Bort y Meliá, autor de la Catedral de Murcia, pero más tarde lo modificaron los arquitectos Fray Juan de Sta. Teresa y Juan García Galán, siendo finalmente ejecutado por el maestro de obras caravaqueño Antonio del Campo. Las obras principales finalizaron en 1762.
En el centro de la plaza podemos contemplar el monumento al moro y al cristiano. Es una obra inaugurada en 1985 que rinde homenaje a sus fiestas locales de los bandos moro y cristiano en honor a la Santísima y Vera Cruz, que se celebran del 1 al 5 de mayo, y al pasado medieval de esta ciudad. La autoría es del escultor valenciano Rafael Pí Belda. Al fondo de la plaza se puede ver la torre del campanario de la Parroquia de El Salvador.
Por una empinada cuesta accederemos al castillo de Caravaca, que tiene sus orígenes en la época islámica. Según la leyenda, en 1232, el rey moro Abú Zeid se convirtió al cristianismo cuando contempló cómo dos ángeles bajaban del cielo una cruz para que un sacerdote preso en el castillo pudiera decir misa. Esta leyenda dio lugar a la construcción, a partir de 1617 y en el recinto de la propia fortaleza, del principal monumento de esta localidad del noroeste murciano, el Santuario de la Vera Cruz. Entre los siglos XII-XIII, el autor árabe al-Yacut señala la existencia del hisn (castillo andalusí) de Caravaca: un punto fortificado que centralizaba el control de los campos circundantes y la defensa de la población rural. El rey Alfonso X de Castilla y León donó el castillo a la Orden del Temple tras finalizar la revuelta mudéjar de 1264-1266. La orden desapareció en el siglo XIV y pasó a manos de la Orden de Santiago. En su interior fue levantada la Basílica de la Vera Cruz en el siglo XVII, lo que ha podido conservar los restos del castillo, principalmente el recinto amurallado.
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La Basílica de la Vera Cruz se empezó a construir en el año 1617 con diseños del arquitecto cortesano fray Alberto de la Madre de Dios, en el interior del castillo de Caravaca sobre una antigua capilla medieval que albergaba un Lignum Crucis (un fragmento de la verdadera cruz en la que Jesucristo fue crucificado). Se terminó su construcción en el año 1703. Desde el siglo XIII se iniciaron las peregrinaciones al lugar y cada siete años tiene el privilegio de celebrar perpetuamente un Año Jubilar, concedido por el papa Juan Pablo II. Este Jubileo perpetuo solo se da en otros cuatro lugares en el mundo: Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana. En 1944 fue declarada Monumento Histórico-artístico.
Los Caballos del Vino es una fiesta que se celebra en Caravaca cada 2 de mayo y está declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Los caballos lucen mantos bordados a mano con hilos de seda y oro. Entre las peñas caballistas participan en el concurso de caballo a pelo, el de enjaezamiento y la carrera. En la carrera, cuatro o más mozos corren agarrados a un caballo a toda velocidad por una empinada cuesta de 80 metros para llegar hasta la explanada del Castillo de Caravaca. Esta fiesta recuerda una leyenda del siglo XIII. Durante un asedio al castillo de la ciudad, los caballeros templarios rompieron el cerco enemigo para llevar agua a la población enferma. Al no hallar agua, cargaron pellejos de vino en sus corceles y cabalgaron a toda velocidad para repartirlo, logrando aliviar a los sitiados. En la cuesta que asciende al castillo se encuentra el monumento a los caballos del vino; es una obra del escultor Rafael Pi Belda inaugurada en el año 2007 y donada por el empresario quesero don Teodoro García Travadelo.
El Cabo de Palos se encuentra junto a la Manga del Mar Menor y pertenece al municipio de Cartagena. En el año 1554, el rey Carlos I manda construir una torre de vigía a la que llamaron Torre de San Antonio. Posteriormente, en el año 1862, fue demolida y se construyó el faro con los sillares de la antigua torre. El edificio tiene una altura de 51 metros y es un proyecto del ingeniero de caminos Leonardo Tejada Morales.
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El Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta se encuentra en la población de Algezares (Murcia).
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Fue construido en 1694 sobre los restos de una antigua ermita medieval. La Virgen de la Fuensanta es la patrona de la ciudad de Murcia. El santuario es de estilo barroco; su fachada es autoría del arquitecto Toribio Martínez de la Vega. En ella hay dos ángeles que sostienen el escudo del cabildo catedralicio de Murcia, en el centro la figura de la Virgen de la Fuensanta, creada por el arquitecto Jaime Bort y Meliá, y a los lados las figuras de San Fulgencio y San Patricio.
En el interior encontraremos el retablo mayor, que es una obra del escultor y tallista murciano Antonio Carrión Valverde y del pintor, escultor e imaginero granadino Nicolás Prados López, que sustituyó el original retablo barroco destruido durante la Guerra Civil. Dentro del camarín está la imagen de la Virgen de la Fuensanta.
Cercana y sobre un cerro se encuentra la Casa del Cabildo o Casa del Sacristán; fue construida entre los siglos XVII y XIX como casa de veraneo del Cabildo o para usar en romerías.
Murcia es la capital de la región a orillas del río Segura; siendo reconocida como exportadora agrícola, es conocida como “la Huerta de Europa”. El edificio del Ayuntamiento fue construido en el año 1846 por el arquitecto Juan José Belmonte (1809-1875) en estilo neoclásico. En las inmediaciones se puede ver la escultura de Luis Antonio de Belluga y Moncada, obra realizada en bronce por el escultor murciano Juan González Moreno en 1958. El cardenal Belluga (1662-1743) fue obispo de Cartagena, virrey y capitán general, destacando por su férrea defensa de la causa borbónica durante la Guerra de Sucesión y su impulso a obras públicas y sociales en la región.
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En la plaza del Cardenal Belluga se alza la imponente fachada de la Catedral, con 54 metros de altura y más de 20 esculturas. La fachada principal fue construida entre 1737 y 1751 y está considerada como una de las más emblemáticas del barroco. Fue concebida como una fachada-retablo por el arquitecto y escultor valenciano Jaime Bort y Meliá. Veinte santos, tres arcángeles, un ángel de la guarda y los misterios de la Virgen dan forma a esta representación visual de la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial. Consta de tres puertas de acceso, que definen las tres naves de la Catedral, y dos cuerpos de altura. La calle central, con la puerta del Perdón, está dedicada a Santa María y rematada por el jarrón con azucenas, escudo del Cabildo y de este templo.
La portada de los Apóstoles es la única del siglo XV que conserva la catedral. Atribuida al arquitecto Diego Sánchez de Almazán, está fechada entre 1465 y 1480. Construida en estilo gótico flamígero, recibe su nombre de los cuatro personajes que encontramos a los lados del arco de entrada: San Andrés y San Pablo a la izquierda y Santiago y San Pedro a la derecha. Sobre ellos aparecen profetas y reyes del Antiguo Testamento y ángeles músicos. En la clave del arco se colocó a mediados del siglo XIX el escudo de la reina Isabel II, en señal de homenaje por la ayuda prestada en la recuperación de la catedral tras el incendio de 1854. Remata la portada, el único rosetón que posee la Catedral.
La torre campanario fue construida en varias fases; los dos primeros cuerpos son de estilo renacentista, con diseño del arquitecto italiano Jacobo Florentino y el maestro mayor Jerónimo Quijano, respectivamente. Tras dos siglos de interrupción de las obras, el maestro murciano José López dirigió la continuación de la construcción a mediados del siglo XVIII con los cuerpos barrocos del reloj y el campanario. Esta arquitectura fue rematada en estilo neoclásico a finales del siglo XVIII, con la cúpula y la linterna, bajo la dirección del arquitecto Ventura Rodríguez. En el interior de la torre se puede visitar la Sala del Reloj o de los Secretos, la Capilla y el Balcón de los Conjuros.
La Capilla de Junterones es una de las capillas más llamativas de la Catedral. Se construyó bajo el patrocinio de Gil Rodríguez de Junterón, protonotario apostólico del Papa Julio II y arcediano de Lorca, uno de los títulos que podían ostentar miembros del Cabildo Catedralicio. En el exterior se puede leer una inscripción "DEJUNTERON ES", de ahí que, popularmente, haya sido siempre conocida como Capilla de Junterones. Entre la capilla de Junterones y la Portada de los Apóstoles se encuentra una casita con puerta y ventanas azules; es la llamada “Casica de las Ánimas”. Se levantó en el año 1775 al prohibir las autoridades introducir cadáveres en los templos por razones de higiene, por lo que estas "casicas" servían para velar a los difuntos antes de llevarlos al cementerio y celebrar los oficios religiosos.
Al lado de la Catedral se encuentra la Iglesia de San Juan de Dios, construida entre 1764 y 1782, por iniciativa del racionero de la catedral José Marín y Lamas. Es obra del arquitecto murciano Martín Solera (1714–1766), que edificó sobre una primitiva iglesia que formaba parte del conjunto hospitalario de San Juan de Dios, que fue hospital templario. La cornisa partida alberga un medallón ovalado con la imagen de Nuestra Señora del Buen Suceso, titular de la primitiva iglesia destruida. La iglesia alberga una de las colecciones de imaginería religiosa más destacadas del siglo XV al siglo XX. El museo está compuesto por tres áreas temáticas: la iglesia, el espacio dedicado al escultor Juan González Moreno, del siglo XX, los restos arqueológicos del alcázar Nasir (o Mayor) y parte de la muralla que lo custodiaba. Este palacio se encontraba dentro de la muralla y era la primera residencia de los reyes musulmanes de Murcia.
No lejos de la Catedral, en la calle Trapería se encuentra el Real Casino de Murcia; su construcción comenzó en el año 1847, fue declarado monumento histórico-artístico nacional en 1983, por lo que en la actualidad está considerado bien de interés cultural, con la categoría de monumento. Su fachada es de estilo ecléctico, diseñada por el arquitecto murciano Pedro Cerdán Martínez en colaboración con el escultor Manuel Castaños. Aunque es un club privado, se puede visitar.
La Iglesia de Santo Domingo y la contigua Capilla del Rosario son las construcciones que quedan de un antiguo conjunto monástico de la Orden Dominica. Su origen se sitúa en el siglo XIII, aunque el conjunto actualmente conservado corresponde al siglo XVI, la parte más antigua, la Capilla del Rosario, y al siglo XVIII, la iglesia conventual de Santo Domingo. En el siglo XVIII, los condes de Almodóvar, cuyo palacio encontramos a la izquierda de la fachada, mecenas de la cofradía, conectaron su residencia, situada al sur del conjunto, con la capilla del Rosario mediante un arco realizado por el arquitecto Toribio Martínez de la Vega, que popularmente se conoce como el arco de Santo Domingo.
Pasado este arco, llegaremos al edificio del Teatro Romea, que se encuentra en la plaza Julián Romea. Julián Romea Yanguas era un actor de teatro y escritor murciano. El edificio fue inaugurado en 1862 por la reina Isabel II; tuvo que ser reconstruido tras sufrir diversos incendios. Su exterior es de 1880 y su interior se reconstruyó entre 1899 y 1901. En 1990 fue declarado bien de interés cultural con categoría de monumento.
La Iglesia de San Bartolomé – Santa María fue construida entre 1767 y 1883 sobre lo que se cree que era una mezquita musulmana. Es la sede de la Cofradía del Santo Sepulcro y sede histórica de la Cofradía de Servitas. Durante la Guerra Civil, la Iglesia fue saqueada, perdiendo numerosas obras de arte (esculturas y retablos). La fachada de estilo ecléctico historicista se realizó en el siglo XIX y es obra del arquitecto Justo Millán Espinosa. Frente a la iglesia y al lado de la Cámara de Comercio está la estatua de bronce del dios Mercurio; es una obra creada en 1966 por el escultor murciano Antonio Campillo Párraga. Representa al dios romano Mercurio, patrono del comercio, los viajes y la elocuencia.
El Puente de los Peligros o Puente Viejo se empezó a construir en el año 1718 sobre un proyecto del arquitecto Toribio Martínez de la Vega y terminado en el año 1742 por el arquitecto Jaime Bort y Meliá. Es el puente más antiguo de los que se conservan en la ciudad; el otro nombre popular se debe a la presencia a su lado de una hornacina que guarda la imagen de una virgen denominada de los Peligros. Un poco más arriba del puente está el monumento al Entierro de la Sardina; es una escultura de bronce dentro del cauce del río Segura. Representa a una enorme sardina que emerge de las aguas del río, rindiendo homenaje al tradicional y festivo Entierro de la Sardina, fiesta de interés turístico internacional que se celebra cada primavera. Es una obra del escultor Miguel Llamas Yeste inaugurada en el año 2007.
Los paparajotes son un postre típico murciano; están hechos con hojas de limonero recubiertas con una masa elaborada con harina, leche y huevo que se fríen y se espolvorean con azúcar en polvo y canela. Fueron introducidos por los árabes en Murcia; se come el rebozado, no la hoja. Teníamos ganas de probarlos y, preguntando, llegamos al bar Los Zagales, muy cerca de la Catedral, un bar típico de tapas donde nos los prepararon al momento y nos regalaron unos chupitos de licor dulce.



















































