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sábado, 16 de mayo de 2020

Palacio de Canedo

El Palacio de Canedo es una gran casona situada en Canedo, una localidad del municipio de Arganza en la provincia de León. Data del siglo XVIII y formaba parte del Señorío de Canedo. GPS: 42.645052, -6.705480


El edificio fue restaurado por el empresario José Luis Prada gestor de la marca “Prada a Tope”. Lo ha convertido en hotel (14 habitaciones), restaurante, bodega y fábrica artesana de conservas.


El edificio tiene varias plantas. La planta baja se dedica a la recepción de visitantes, tienda de productos “Prada a Tope” y salones de reuniones/comedores. En la parte de arriba llegamos a la zona del restaurante y la cafetería. Ambos ambientes están unidos a través de una balconada que goza de unas vistas espectaculares sobre la comarca de El Bierzo.


El Palacio de Canedo es un monumento catalogado como Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León. Lleva, al menos, tres siglos dando vida a la tierra que lo rodea, especialmente viñedos. Del vino vivían los Señores de Canedo, que elaboraban, criaban y almacenaban en la bodega que hoy está convertida en tienda.


Frente al edificio y rodeándolo se encuentran los viñedos de los que salen unos vinos de calidad. Son viñedos de la variedad tinta de Mencía, variedad única y que solo se da en la comarca de El Bierzo. Esto hace que los vinos de la D. O. El Bierzo sean tan especiales. También tiene viñas de la variedad Godello blanco.


Las viñas son ocho, Viña del Palacio: plantada en 1988 con Godello y Chardonnay. Viña San Martín: plantada en 1988 con la variedad Godello. Viña Campelo: plantada en 1988 con la variedad Godello. Viña Regueiral: plantada en 1990 con la variedad Godello. Viña Valetin: plantada en 1990 con la variedad Mencía. Viña San Martín: plantada una parte en 1997 y otra en 2011 con la variedad Mencía. Viña Eiro D’Avello: plantada en 2000 con la variedad Mencía y Viña El Picantal: plantada una parte en 2008 y otra en 2011 con la variedad Mencía.



Elabora varias clases de vinos, licores y vinagre. Vino Mencía 100 %, Godello 100 %, Rosado Mencía con 70 % de Mencía y 30 % de Godello, Vinos criados en barrica de roble. Limonada de Mencía. El Xamprada que es un Godello al 50 % y Mencía al 50 % o el Xamprada de Godello al 50 % y Chardonnay al 50 %. Un Biermú (Vermú blanco) de Godello al 50 % y Chardonnay al 50 % y otro de color con Mencía. Un Aguardiente de Orujo macerado con hierbas (Elaborado con Aguardiente de orujo de uva y almíbar de higos zoupeiros macerado todo ello durante 60 días con 15 hierbas diferentes del campo). O un Aguardiente de Orujo de cuatro años en barrica de roble. También un Aguardiente de Orujo macerado en cerezas. Y un vinagre de Mencía.



Desde 1972 elaboran y trasforman los productos de la Comarca del Bierzo sin añadir conservantes, estos productos son: Castañas en almíbar, peras en vino, guindas y cerezas en aguardiente, pimientos confitados dulces, pimientos asados dulces y picantes, pimientos confitados agridulces, mermeladas de manzana, de higos zoupeiros de Corullón, de frambuesa, de cebolla, de zanahoria, de tomate, de ciruela, de pimientos y de pera. También Higos Zoupeiros de Corullón agridulces o dulces. Miel milflores del Valle del rio Cabrera, Membrillo y Crema de Castañas.


En la visita pudimos observar el proceso de envasado de los pimientos del Bierzo. Los asan con leña y los pelan a mano, luego les añaden limón exprimido y los esterilizan al baño María.


Posee también un pequeño museo donde José Luis Prada ha recogido sus recuerdos y que relatan su vida. Aquí veremos fotos antiguas, de su juventud, del servicio militar en la Legión, del negocio, etc. pero sobre todo nos llamará la atención algo que es tan típico como el mismo. Su Renault 8 personalizado a estilo rural. Este vehículo le ha acompañado durante gran parte de su vida. Todo un emblema en la empresa Prada a Tope.



martes, 5 de mayo de 2020

Las Médulas

Las Médulas son un impresionante entorno paisajístico formado como resultado de las explotaciones auríferas romanas. Se encuentran situadas en la comarca de El Bierzo (León) GPS: 42.461232, -6.767341


Considerada la mayor mina de oro a cielo abierto de todo el Imperio Romano, el trabajo de ingeniería que se realizó para extraer el oro alteró considerablemente el medio ambiente de la zona, dando como resultado un inusual paisaje de arenas rojizas cubierto de castaños y robles.


Este entorno fue declarado “Bien de Interés Cultural” en el año 1996 debido a su interés arqueológico. En el año 1997 la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad, en el año 2002 se le galardonó con el título de “Monumento Natural” y en el año 2010 “Espacio Cultural”.


Se calcula que empezaron a trabajar en esa zona en la época del emperador Octavio Augusto al ser el que dirigió personalmente gran parte de las acciones de conquista de los pueblos del norte que tuvieron lugar entre los años 26 y 19 a.C. Plinio el Viejo fue en su juventud administrador de las minas y es él el que aseguraba que se extraían al año de allí cerca de 20.000 libras de oro, aproximadamente 1.635.000 kilos.


Antonio García Bellido, profesor y arqueólogo, afirma que las tierras removidas en Las Médulas rondan los 500 millones de metros cúbicos. Si de media había tres gramos de oro por cada tonelada de tierra se estarían moviendo aproximadamente 1.500.000 kilos.


El número de obreros que se pusieron a trabajar en Las Médulas son de acuerdo con las cuentas de Plinio más de 60.000 pero los últimos estudios aseguran que basándose en la tierra removida allí serían en torno a los 10.000 o 20.000 hombres.


Las Médulas no fueron una zona escogida al azar por los romanos para comenzar a buscar oro, eran tierras de aluvión con polvo de agua donde había abundante agua y suficiente pendiente como para utilizar esa agua de fuerza hidráulica, además de existir suaves pendientes hacia el Sil que se podían utilizar como desagües. El sistema que utilizaron para la extracción del oro fue el “Ruina Montium”. Con él, el agua de los riachuelos de la montaña se canalizaba y embalsaba en la parte superior de la explotación, la fuerza del agua deshacía la montaña y arrastraba las tierras auríferas hasta los lavaderos.


El monte Teleno jugaba un importante papel aquí, ya que desde él se realizaban algunas de las captaciones. A una altitud de 2.000 metros se acumulaba la nieve que después, convertida ya en agua llegaba al río Cabo y alimentaba los siete canales que bordeaban la montaña y llegaban a los estanques de explotación. Se estima que la longitud de los canales era de aproximadamente 300 kilómetros. Eso sí, la construcción de estos canales, que en determinadas zonas discurren bajo la roca, fue la obra más difícil y cara de toda la explotación. Finalmente el agua de los canales llega a unos depósitos construidos excavando el terreno que contaban con compuertas para distribuir el agua.


Un buen punto de partida para esta visita es el Aula Arqueológica, ya que allí se explica tanto cómo funcionó la extracción de oro como las complejas obras de ingeniería que se acometieron para la canalización del agua y cómo todo esto cambió su paisaje y la vida de las poblaciones cercanas. Por otra parte, el Centro de Recepción de Visitantes organiza rutas para que los usuarios conozcan un poco mejor la zona, aunque también es posible visitarla sin guías. Allí te facilitarán un plano para poder hacerlo.


Si no sois demasiado aficionados a la historia la visita merecerá igualmente la pena solo por contemplar “Las Médulas” desde el Mirador de Orellán, situado en su homónimo pueblo. Lo mejor es visitarlo a primera hora de la mañana o al atardecer. Desde aquí tendrás la mejor vista de la explotación romana. Desde él se puede acceder a una antigua galería excavada por los romanos. Creo que es una visita obligada del lugar y hacerla antes de visitar el pueblo de Las Médulas. GPS: 42.459684, -6.745533


La Senda de Las Valiñas es la más utilizada por los visitantes al ser muy sencilla y conducir a puntos del interior de “Las Médulas” como La fuente de la tía Viviana, o las cuevas de La Cuevona y La Encantada. Es un itinerario circular que empieza en el pueblo de “Las Médulas” y cuyo camino discurre por el interior de uno de los sectores de explotación de la mina. El recorrido permite comprender los elementos del espacio-tiempo, desde las huellas de la actividad minera romana hasta el cultivo mantenimiento de los castaños. Son tres kilómetros y medio.


La Senda del Lago Sumido es un paseo sencillo y corto. Llega hasta el lago y también ofrece la posibilidad de llegar al Mirador de Chao de Maseiros, que cuenta con unas impresionantes vistas. A lo largo del recorrido se ven los lagos que se han ido formando gracias al drenaje natural del entorno, así como canales de evacuación y de lavado del conglomerado aurífero. El lago Somido fue durante un tiempo un canal de lavado. El recorrido es de aproximadamente dos kilómetros y es típica para un paseo tranquilo.


La explotación de la zona se abandonó en el siglo III y desde entonces la vegetación autóctona de la zona volvió a adueñarse del área. Robles, encinas y un elevado número de castaños son parte de la flora que ahora mismo predomina en “Las Médulas”. Todo esto dio como resultado un entorno espectacular en el que destacan las caprichosas formas del terreno, cubierto de arenas rojizas que ya están más que integradas en la vegetación.


El Nenúfar, Lirio de agua o Ninfea (Nymphaea spp) es una planta acuática que crece en charcas y lagos donde no hay corriente. En Egipto se consideraban plantas sagradas porque se abren las flores en presencia del sol y se cierran en la oscuridad. La floración es en verano, dura 4 o 5 días y durante el primer día despiden un aroma que recuerda al del brandy. Estos los pudimos observar en el Lago Somido el 21 de agosto de 2019.



Las Médulas está lleno de casas rurales y restaurantes pues la visita bien merece dos días. Es un pueblo muy bien cuidado y que tiene bonitos detalles.



Si vienen a este lugar preparen su cámara fotográfica porque no se cansarán de sacar fotografías de estos bellos e insólitos paisajes. Como curiosidad les muestro una fotografía realizada en el camino al Lago Somido. Se trata de un “Bedegar”. Es una agalla esférica, rojiza y filamentosa que forman los rosales silvestres y las zarzamoras por la respuesta de los tejidos al daño provocado por la avispa Diplolepis rosae al depositar sus huevos en el rosal para que procure la protección y el alimento de sus larvas.



miércoles, 22 de abril de 2020

Cacabelos

Cababelos se encuentra en El Bierzo (León) en un hermoso valle junto a la ribera del río Cúa. Los datos más antiguos sobre el poblamiento de Cacabelos se remontan al Paleolítico, como atestiguan los restos hallados. Los yacimientos más abundantes son los que pertenecen a la Edad del Bronce y Segunda Edad del Hierro de la cultura castreña, representada por el Castro de Vizcaíno y, sobre todo por el Castro Ventosa, donde tradicionalmente se ha situado la Bergida prerromana como mencionan Floro y Osorio, relatores de las guerras contra los astures. El intenso proceso de romanización de la comarca queda reflejado en la aparición de Bergidum Flavium, ciudad que algunos sitúan a la altura del actual cementerio de Cacabelos, y a la que mencionan Ptolomeo y el itinerario de Antonino. Bergidum, fue el centro administrativo de los numerosos yacimientos auríferos que los romanos explotaron en el Bierzo. GPS: 42.598510, -6.726098


La villa se encuentra en pleno Camino de Santiago, creció de forma ininterrumpida durante la Edad Media, como atestiguan el gran número de iglesias y hospitales. Desde la Edad Media, la Calle Santa María es la más importante de la ciudad, en ella confluyen todas las calles y callejuelas del casco urbano. En sus extremos se abrían las dos puertas más importantes de la cerca: la de Cimadevilla y la de San Andrés, la primera junto a la actual ermita de San Roque o de la Vera Cruz y la segunda próxima al templo parroquial de Nuestra Señora de la Plaza. Es una calle de visita obligada al que llega a Cacabelos.


Es esta calle la que conserva los mejores ejemplos de arquitectura culta, religiosa y civil, y que durante siglos han visto y ven pasar riadas de peregrinos. Son casas y casonas, muchas de ellas barrocas y en sus fachadas muestran sus escudos heráldicos.


El cacabelense Don Mateo Chicarro, perteneciente a la pequeña nobleza local, reconstruyó en el año 1590 la ermita de la Vera Cruz. Unos pocos años después, tras las mortíferas pestes de 1599, su patrono le cambiaría la advocación por la de San Roque, santo protector contra la peste. Desde esta fecha hasta la actualidad ha sido preciso reedificarla en varias ocasiones, siendo la última la del año 1789. En su interior, junto a la imagen de San Roque, existen dos altorrelieves de madera policromada del siglo XVIII, que representan a San Gil de Casayo y San Herberto de Cerdeña, ambos procedentes del monasterio de Carracedo.


La Iglesia de Santa María, localizada en el pleno centro de Cacabelos, ha ido cambiando a lo largo de los siglos tal y como lo ha hecho este pueblo y esta comarca de El Bierzo. De su pequeña estructura original, consagrada en el año 1108 por un obispo de Santiago llamado Diego Germírez, solo se conserva la parte abovedada que está sobre el altar, el llamado ábside, de estilo románico. Diversas reparaciones y mejoras fueron sucediéndose. Lo que hoy puedes ver en la Iglesia de Santa María en Cacabelos es el resultado de una última obra en el año 1904, cuando se le agregó la característica torre puntiaguda, catalogada como «neorromántica». En la fachada puedes ver una escultura de la Virgen del siglo XIII y en el interior hay varias tallas de enorme importancia artística, entre las que destaca una figura de Cristo crucificado que data del siglo XIII.


A la salida del pueblo se encuentra el Santuario de las Angustias. Se tiene constancia documental de la existencia en este mismo lugar de una ermita dedicada a la Virgen María, sin embargo tanto el edificio actual como la mayoría de retablos, imágenes y pinturas son del siglo XVIII.


En el Santuario de las Angustias podemos ver el relieve del "Niño Jesús intercambiando unas cartas con San Antonio de Padua". Es un retablo del siglo XVI. El niño Jesús entrega el cinco de oros y en la otra mano conserva el cuatro de copas. Parece ser que no por casualidad, ya que las copas representarían las pasiones y los oros la sabiduría. Se cree que es único en el mundo.


En el camarín, se encuentra la imagen de la ‘Virgen de la Quinta Angustia’ y entre sus siete retablos destaca el mayor, obra de Miguel Nuñez y Juan de Solorzano. Ambos del siglo XVIII.


Durante el recorrido por las calles podremos observar lugares de gran belleza y rincones que nos llamarán la atención y nos obligarán a hacer una parada.


Desde época romana existió en Cacabelos un puente de fábrica para cruzar el río Cúa, pero las limitaciones técnicas, la evolución de la trama urbana de la villa, la acción del tiempo y de los hombres y sobre todo las grandes crecidas del río han impedido que llegara hasta nosotros. El puente actual, con sus seis bóvedas de sillería, es obra de los siglos XVI y XVIII y uno de los más monumentales y mejor conservados de la provincia. En sus inmediaciones tuvo lugar la famosa batalla de Cacabelos entre las tropas francesas e inglesas el 3 de enero de 1809, y en la actualidad se ha habilitado, aguas abajo, una excelente piscina fluvial aprovechándose del muro de la antigua fábrica de luz.


Otro lugar a visitar es el Museo Arqueológico de Cacabelos, alberga la colección formada en 1964 por iniciativa de D. Eumenio García Neira. El Museo se encuentra en pleno Camino de Santiago, en uno de los edificios más emblemáticos de Cacabelos, construido en 1892 y destinado a bodega durante la primera mitad del siglo XX.


Esta es la escultura más emblemática del municipio: "El vendimiador" (1980-1983, de Pedro Cotado) que representa también, la actividad agrícola por excelencia de El Bierzo, la vendimia, donde participaba toda la familia como podemos observar en las figuras.


A las afueras de Cacabelos podemos ver este Lagar de Vino de los siglos XVIII – XIX. Se trata de un edificio y artilugio utilizado para el prensado de la uva y obtención del mosto. Está compuesto por una gran viga de madera de castaño articulada y peso con huso que permite su movimiento y prensado de la uva en la lagatera.



domingo, 19 de abril de 2020

Monasterio de Santa María de Carracedo


Los orígenes del Monasterio de Carracedo, en el Bierzo (León), se remontan al a los años 990-992 cuando el rey Bermudo II ‘El Gotoso’ dona una finca para acoger a los monjes que huían de las incursiones de Almanzor. Aquel primitivo monasterio llamado de San Salvador, del que no se conserva resto alguno, fue restaurado en el año 1138 por la infanta doña Sancha, hermana del rey Alfonso VII, cediéndolo al abad Florencio y a los monjes del cercano cenobio de Santa Marina de Valverde, en Corullón. De este modo renace Carracedo convirtiéndose en cabeza de una congregación de numerosas filiales en León (Monasterio de San Martín de Castañeda), Galicia (Monasterio de Peñamaior y Monasterio de Monfero), Asturias (Monasterio de Santa María de Valdedios y Monasterio de Villanueva de Oscos) y Zamora. Hacia 1203, esta congregación ingresará en la orden francesa del Císter, cambiando sus antiguos hábitos benedictinos por los blancos cistercienses, y trocando su anterior nombre de San Salvador por el de Santa María de Carracedo. Se halla entre Villafranca del Bierzo y Ponferrada y con acceso muy cómodo desde la Autovía del Noroeste (A6). Partiendo de Villafranca, aparece a 10 km de esta localidad en sentido Madrid. Si se parte de Ponferrada, hay que recorrer 17 km en sentido inverso (La Coruña) para llegar a la salida que se encuentra a 500 m del monasterio (Salida 399,  LE-158/7) (GPS: 42.570971, -6.731880)


Poco a poco con la mala gestión y el abandono durante el siglo XIX las dependencias monásticas sufrieron graves desperfectos, y la comunidad se vio obligada a abandonar el edificio. Esto dio lugar al saqueo de las riquezas acumuladas durante cientos de años. De esta forma muchos de sus tesoros se perdieron para siempre. El proceso de degradación fue tal que en unos pocos años el edificio quedó sumido en una absoluta ruina. La declaración de Monumento Histórico-Artístico Nacional en el año 1928 no salvó al edificio de su deterioro, cuyos restos tendrán que esperar hasta la década de los 60 y los 70 del siglo XX, cuando el arquitecto Luis Menéndez Pidal acometió una primera restauración del edificio. Estas se completarán con las intervenciones realizadas por la Junta de Castilla y León y el obispado de Astorga a partir de 1985, cuando se promovió un proyecto de restauración y consolidación integral del edificio, que se llevó a cabo entre 1988 y 1991, y que se acompañó de un estudio histórico y arqueológico que ha permitido recuperar y sacar a la luz numerosos vestigios materiales del edificio y comprender su evolución constructiva. Cuatro años más tarde, en 1995, se habilitó en el antiguo refectorio de los monjes el Museo del Cister y del Monacato berciano, dependiente del Instituto Leones de Cultura.


El templo actual es una construcción del siglo XVIII, de estética neoclásica, con una sola nave con crucero y cabecera semicircular. No se han conservado demasiados datos del primitivo edificio medieval. Se ha conservado la torre, la fachada occidental con un gran rosetón y una puerta románica.


En la puerta románica se pueden ver una pareja de estatuas-columna muy alargadas. Se dice que los personajes esculpidos son el rey Alfonso VII y el abad Florencio. En el medio de ambas estatuas se encastró en el muro el tímpano de una puerta que muestra un solemne Cristo en Majestad rodeado de los cuatro vivientes del Apocalipsis.


Panteón nobiliario de los García Rodríguez de Valcarce (Señor de la Casa fuerte de Guitiriz, castillo de Moeche, cotos de Frieira y Entoma en León, Mayordomo Real en 1314, Adelantado Mayor de Galicia en 1328, Encomendado del Monasterio)


En las dependencias del Monasterio se contaba con hospedería, hospital y cárcel. Dato curioso es una lápida vertical ubicada a la puerta de la iglesia, que explica cómo el 29 de agosto de 1810 fueron elegidos en el Monasterio de Carracedo los primeros representantes democráticos de los leoneses en las Cortes de Cádiz.


Todavía quedan numerosos vestigios del que llegó a ser uno de los monasterios más poderosos e influyentes de toda la comarca. Se encuentra en un entorno de indudable belleza, caracterizado por los cultivos de regadío, la agricultura intensiva y los chopos que se alzan orgullosos a orillas del río Cúa. Merece la pena admirar este entorno dando un paseo por la cerca del recinto, donde se podrán ver también las antiguas huertas del monasterio y un viejo palomar.


El interior del Monasterio se puede visitar, y se ha instalado un museo dedicado a sus orígenes e historia pero el día que lo visitamos se encontraba todo cerrado.